¿Por qué deberían comprarte a ti?
Responde cuatro cosas y tu propuesta de valor se arma sola. Si queda genérica, te avisamos para que la hagas tuya.
Tres ejemplos del curso
DébilOfrecemos servicio de calidad.
ClaraAyudo a dueños de carro en San Miguel a saber cuánto pagarán antes de empezar, sin sorpresas en la factura, gracias a presupuestos por escrito.
DébilSomos la mejor distribuidora.
ClaraAyudo a restaurantes de San Pedro Sula a no quedarse sin producto, sin pagar de más, gracias a entregas programadas cada semana.
DébilHacemos pasteles para toda ocasión.
ClaraAyudo a mamás ocupadas de Santa Ana a tener el pastel de cumpleaños listo sin correr el último día, gracias a pedidos por WhatsApp con 48 horas de anticipación.
La prueba final: si tu competencia puede decir la misma frase, todavía no es tuya.
Recibe tu propuesta por WhatsApp
Te la mandamos junto con los ejemplos del curso. La frase de arriba ya es tuya, esto es opcional.
Listo, lo recibimos.
Te escribimos por WhatsApp muy pronto. Si prefieres adelantarte, escríbenos tú.
Escribir por WhatsAppSi tu competencia puede decir lo mismo, todavía no es tuya
La mayoría de los negocios describe lo que hace: vendemos repuestos, hacemos pasteles, damos servicio de calidad. Eso no es una propuesta de valor, porque cualquier competidor puede decir exactamente la misma frase sin cambiar una palabra.
La fórmula que se usa en el curso obliga a ser concreto: ayudo a tal cliente a lograr tal resultado, sin tal problema, gracias a tal diferencia. Cuatro huecos, y cada uno te saca de lo genérico. Decir "dueños de carro en San Miguel" en lugar de "todo el mundo" ya cambia a quién le hablas y qué anuncias.
Esta herramienta arma la frase mientras escribes y la revisa. Si usa palabras que no dicen nada, como calidad o los mejores, te lo avisa. Si tu cliente es demasiado general, te lo avisa. Si la frase pasa de cuarenta palabras, te dice que la acortes, porque una propuesta que no se dice en un respiro no se recuerda.
Son avisos, no bloqueos: puedes dejar la frase como quieras y también escribirla a mano. La prueba final la pones tú: si tu competencia puede decir la misma frase, falta trabajo.